Miércoles 11 de marzo

El pequeño rayo de sol

Había una vez un niño llamado Pablo que vivía en un pueblito. Cada mañana, salía a jugar al jardín y saludaba al sol con una sonrisa. "¡Buenos días, Dios!", decía, porque sabía que Dios lo quería.

Un día vio que su vecina, Marta, lloraba porque había roto su juguete favorito. Pablo pensó: Dios me enseña a querer a los demás, así que puedo ayudarla. Corrió hacia ella y le dijo: "No te preocupes, Marta. Jugaremos juntos con mi juguete mientras arreglamos el tuyo."

Marta sonrió y Pablo sintió un calorcito en el corazón, como un rayo de sol que lo llenaba de alegría. Ese día, Pablo entendió que querer a Dios también significa querer a los demás y ayudarlos cuando lo necesitan.



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